El autor explora el antagonismo entre política social y política económica en el marco de la reforma del estado de América Latina. Para superarlo sugiere una política abarcadora capaz de erradicar la pobreza y mejorar el nivel de vida de la población. Acentúa de importancia de la descentralización y establece los cambios que necesita el Estado para cumplir estos objetivos. La explosión de la pobreza en América Latina plantea nuevos desafíos a los gobiernos democráticos. La antigua pobreza latinoamericana, resultante de la urbanización y de las deterioradas condiciones de intercambio de las exportaciones, ha sido intensificada con una "pobreza nueva" como consecuencia de la crisis económica de los '80 y las medidas de ajuste implementadas para superarla. Los rasgos actuales de la pobreza concomitantemente con una perversa forma de modernización vuelven urgente la implementación de adecuadas políticas sociales. Una perspectiva de tipo económico no es suficiente para resolver problemas sustanciales, dado que sólo minimiza la situación y aumenta la vulnerabilidad de los sectores más pobres. Dada la opción entre políticas sociales dirigidas a contener y, en consecuencia, a reproducir la pobreza y políticas sociales tendientes a erradicarla, afirma que sólo las últimas serían capaces de crear las condiciones para la inserción de la población en la actividad económica, dentro de la modernización que está alcanzando la sociedad. Una política abarcadora, totalizadora no puede ser encarada sólo por el sector público: la sociedad civil deber participar a través de sus organizaciones. Esto demanda una vigorosa descentralización que implique cambios
mediante reformas administrativas, económicas, políticas, financieras, jurídicas e institucionales a fin de dotar al Estado democrático con una dimensión social. Los cambios básicos que debe experimentar el Estado con el objeto de promover políticas dirigidas a lo social incluyen las siguientes acciones: 1) transformación del gobierno central; 2) fomento de la descentralización; 3) impulsar la coordinación interinstitucional; 4) desarrollo de la gerencia social; 6) una audaz política comunicacional; 7) atención a la clase media; 8) desarrollo de una cultura para enfrentar la pobreza. Las soluciones propuestas no significan el abandono de la apertura económica o del mercado, ya que ellas son esenciales para que una sociedad avance. No se plantea renunciar al Estado, porque éste además de ayudar en gran medida a comentar la economía de mercado es imprescindible para desarrollar el campo social. Sólo a través de un esfuerzo conjunto de toda la sociedad, el desafío básico de la década -la erradicación de la pobreza- podrá encararse con éxito.
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Blanco, Carlos
La reforma del Estado y la política social
En: Reforma y Democracia. -- no. 1 ((Ene. 1994), 0). -- Caracas : CLAD, (Ene. 1994)
El autor explora el antagonismo entre política social y política económica en el marco de la reforma del estado de América Latina. Para superarlo sugiere una política abarcadora capaz de erradicar la pobreza y mejorar el nivel de vida de la población. Acentúa de importancia de la descentralización y establece los cambios que necesita el Estado para cumplir estos objetivos. La explosión de la pobreza en América Latina plantea nuevos desafíos a los gobiernos democráticos. La antigua pobreza latinoamericana, resultante de la urbanización y de las deterioradas condiciones de intercambio de las exportaciones, ha sido intensificada con una "pobreza nueva" como consecuencia de la crisis económica de los '80 y las medidas de ajuste implementadas para superarla. Los rasgos actuales de la pobreza concomitantemente con una perversa forma de modernización vuelven urgente la implementación de adecuadas políticas sociales. Una perspectiva de tipo económico no es suficiente para resolver problemas sustanciales, dado que sólo minimiza la situación y aumenta la vulnerabilidad de los sectores más pobres. Dada la opción entre políticas sociales dirigidas a contener y, en consecuencia, a reproducir la pobreza y políticas sociales tendientes a erradicarla, afirma que sólo las últimas serían capaces de crear las condiciones para la inserción de la población en la actividad económica, dentro de la modernización que está alcanzando la sociedad. Una política abarcadora, totalizadora no puede ser encarada sólo por el sector público: la sociedad civil deber participar a través de sus organizaciones. Esto demanda una vigorosa descentralización que implique cambios
mediante reformas administrativas, económicas, políticas, financieras, jurídicas e institucionales a fin de dotar al Estado democrático con una dimensión social. Los cambios básicos que debe experimentar el Estado con el objeto de promover políticas dirigidas a lo social incluyen las siguientes acciones: 1) transformación del gobierno central; 2) fomento de la descentralización; 3) impulsar la coordinación interinstitucional; 4) desarrollo de la gerencia social; 6) una audaz política comunicacional; 7) atención a la clase media; 8) desarrollo de una cultura para enfrentar la pobreza. Las soluciones propuestas no significan el abandono de la apertura económica o del mercado, ya que ellas son esenciales para que una sociedad avance. No se plantea renunciar al Estado, porque éste además de ayudar en gran medida a comentar la economía de mercado es imprescindible para desarrollar el campo social. Sólo a través de un esfuerzo conjunto de toda la sociedad, el desafío básico de la década -la erradicación de la pobreza- podrá encararse con éxito.
1. REFORMA DEL ESTADO; 2. POLITICA SOCIAL; 3. POBREZA; 4. DESCENTRALIZACION