Avellaneda, Roca y la capitalización de Buenos Aires
En: Boletín del Instituto Histórico. -- Año 2, no. 3 ((1980), 0). --
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1980
La autora analiza las circunstancias que atraviesan todo 1880 para culminar en la promulgación de la Ley de Capitalización. Expresa que la revolución de 1874 había sido un toque de atención para el gobierno nacional acerca del problema de Buenos Aires en la República: los partidos bonaerenses, aunque derivados del mismo tronco liberal, se habían escindido por su posición respecto a la federalización de Buenos Aires: a) los que con Mitre la aprobaban eran llamados "nacionalistas" y los opositores, nucleados en torno a Adolfo Alsina "autonomistas"; los primeros de tradición unitaria, representaban a los sectores del comercio y la empresa, revestidos de connotaciones de progreso y cultura; b) los segundos de tradición federal, contaban con las simpatías de los sectores medios y populares, favorecían en su programa las realizaciones sociales y entre las políticas aquellas que hacían hincapié en la defensa de la autonomía provincial ante los avances del centralismo nacional. Afirma que Avellaneda había logrado la adhesión del autonomismo a cambio de la vicepresidencia para un hombre de ese partido y el Ministerio de Guerra para su jefe: Adolfo Alsina, pero el autonomismo se había desmembrado en dos fracciones: una de ellas auspiciará la candidatura de Carlos Tejedor, apoyada por Mitre y Alsina. Ungido Tejedor gobernador de Buenos Aires muere Alsina que era el candidato natural a la Presidencia, encumbrando en el Ministerio de Guerra a Julio A. Roca. Aparecen así los futuros protagonistas del enfrentamiento del 80: Tejedor que cuenta con la adhesión del nacionalismo y Roca, apoyado por la Liga de Gobernadores orquestada desde Córdoba por el Gober
nador del Viso y su ministro Juárez Celman; además del consenso provincial Roca cuenta con el apoyo monolítico de un ejército disciplinado, fogueado en la Campaña del Desierto. Roca triunfa en las urnas pero recrudecen las amenazas dirigidas a impedirle la posesión del cargo; no toma el mando de las tropas que van a enfrentar a los jefes porteños, pero organiza la defensa y son suyos la estrategia y los hombres; son sus partidarios quienes acompañan a Avellaneda hasta Belgrano, los que arbitran los medios para legalizar la situación planteada y colocan a Tejedor fuera de la ley. Finalmente el autonomismo cede la ciudad, aunque para ello lo ayudan a consolidarse en su provincia, pactando la futura generación que, ante la negativa de Pellegrini, será para Dardo Rocha.
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